Capítulo 48. Acuerdo sellado.
Maximiliano Delacroix
El sonido de las teclas retumbó bajo ella cuando la alcé. Fue un estallido de acordes torpes, casi un insulto a ese piano majestuoso… pero para mí sonó como la música más hermosa. Porque era el eco de su cuerpo entregándose, aunque todavía peleara con su mente.
La observé un instante. Sentada sobre el piano, con el cabello revuelto, los labios hinchados por mis besos y los ojos ardiendo de confusión y deseo. Nunca había visto nada más bello. Ni un contrato millonario, ni u