Capítulo 47. Una locura.
Amy Espinoza
El eco de la última nota todavía vibraba en mi pecho. Tenía el pecho agitado, las mejillas encendidas y las manos temblorosas.
—No es cierto, no fue increíble —repliqué, bajando la mirada—. Apenas fue un intento.
En dos pasos él ya estaba frente a mí. Sus ojos, esa mezcla imposible de azul y verde, me sostuvieron con tal intensidad que sentí que me arrancaban el aire.
—No mientas —susurró—. Te acabo de escuchar volviendo a la vida.
Quise responder, pero su mano se deslizó hasta mi