Capítulo 43. El mundo tendría que verlo.
Amy Espinoza
No volví a salir de la habitación.
No podía.
Me encerré como si aquella puerta fuera mi último refugio, aunque supiera que no había cerrojo capaz de detener a Maximiliano si decidía venir. No vino. En lugar de eso, alguien tocó y, al abrir apenas un resquicio, encontré una mucama con una bandeja en la mano, donde me trajo la cena.
Suspiré con una mezcla de alivio y rabia.
Alivio, porque al menos había respetado mi espacio. Rabia, porque… ¿Quién lo mandaba a hacer esas proposiciones