Capítulo 42. Entre un sí y un no.
Amy Espinoza
No recuerdo haber corrido tanto en mi vida.
Ni cuando hui de los primeros desplantes de Adrián, ni cuando intenté escapar de los rumores que me devoraban. Esta vez, mis pies se movían como si quisieran salvarme de un incendio invisible. Y tal vez era eso: huir del fuego que Maximiliano acababa de encender con un simple susurro.
“Cásate conmigo, Amy.”
Esas tres palabras ardían en mis oídos, repetidas como un eco cruel.
Dejé a Mía atrás, feliz sobre el poni, riendo con esa inocencia