Capítulo 312. Siento lo que te hicieron.
Luciana Velasco.
Mi madre me observó un segundo más, como si intentara leer algo nuevo en mí, una grieta en mi armadura de desdén o un atisbo de la niña que una vez fui.
Su mirada era un escáner lento, cargado de un miedo que no nombraba, pero que flotaba en el aire entre nosotras como una niebla tóxica.
Luego, sin decir palabra, caminó hacia la puerta y la abrió apenas, dejando pasar solo un fragmento de la luz del pasillo y el murmullo lejano del hospital.
Amy apareció en el umbral.
No entró de inmediato. Se quedó quieta, una silueta recortada contra la claridad exterior, con las manos entrelazadas frente al cuerpo, en un gesto que no era de oración, sino de contención.
Parecía equilibrarse en el borde de un precipicio, como si temiera invadir un territorio sagrado… o peligroso. Como si mi habitación fuera ambas cosas.
La recordaba distinta. O quizá la recordaba a través del filtro distorsionado de mi envidia y mi desprecio. La Amy de mi memoria era segura, firme, anclada en una