Capítulo 277. Sin tener a dónde ir.
Pandora Collins
Salí del club con las manos temblando, todavía sintiendo el ardor de la bofetada que le di a Rami y… el vacío en la boca de ese beso que no pedí.
Aún no eran las ocho; la noche estaba fría, húmeda, con ese olor a asfalto mojado que siempre acompaña a los lugares donde la gente no quiere pensar demasiado.
Me abracé el abrigo barato a los hombros y caminé sin rumbo. No sabía si estaba más molesta, más triste o más cansada.
Yo solo quería desaparecer un minuto. Uno. Respiré profundo. Y ahí fue cuando la idea tonta, idiota, masoquista se me metió otra vez en el pecho como un cuchillo mal clavado:
“Llama a Adrián.”
Ni siquiera pensé si era o no mala idea. Simplemente lo hice.
Toqué su contacto con el dedo sin aire.
—Vamos, contesta… —susurré.
La llamada sonó una vez. Dos. Tres. Nada. El corazón me bajó a los pies.
Intenté otra vez. Sonó una… dos… y entonces… por fin conectó.
Pero no con la voz que yo esperaba. No con el tono de la noche que estuvieron juntos.
No con la cali