Capítulo 277. Sin tener a dónde ir.
Pandora Collins
Salí del club con las manos temblando, todavía sintiendo el ardor de la bofetada que le di a Rami y… el vacío en la boca de ese beso que no pedí.
Aún no eran las ocho; la noche estaba fría, húmeda, con ese olor a asfalto mojado que siempre acompaña a los lugares donde la gente no quiere pensar demasiado.
Me abracé el abrigo barato a los hombros y caminé sin rumbo. No sabía si estaba más molesta, más triste o más cansada.
Yo solo quería desaparecer un minuto. Uno. Respiré profund