Capítulo 270. Los amores de mi vida.
Maximiliano Delacroix.
Despertar dolía.
Doler no como un golpe, ni como un músculo tenso, sino como si mi cuerpo entero hubiera sido drenado y luego rellenado con fuego.
Abrí los ojos despacio, tratando de que no se me escapara el aire, porque cada respiración era una batalla pequeña.
La luz era suave. Blanca. No tenía fuerza para girar la cabeza, pero sí para notar el olor que siempre reconocería, incluso en otro mundo: el perfume de Amy.
Mi pecho se apretó.
Quise llamarla… pero solo salió un