Capítulo 271. Perdóname.
Maximiliano Delacroix.
No sé cuántas horas pasaron desde que me quedé dormido otra vez.
El tiempo en una cama de hospital no existe. Solo hay luces que suben y bajan, pasos que van y vienen, voces que entran como olas y se van igual de rápido. Yo seguía entre la conciencia y el sueño, tratando de no hundirme en ninguno de los dos.
Hasta que escuché la voz de Amy.
Suave. Cansada. Pero firme.
—Max… ¿Estás despierto?
Abrí los ojos despacio. Me costó enfocarla. Ella entró con un vaso de agua en una