Capítulo 271. Perdóname.
Maximiliano Delacroix.
No sé cuántas horas pasaron desde que me quedé dormido otra vez.
El tiempo en una cama de hospital no existe. Solo hay luces que suben y bajan, pasos que van y vienen, voces que entran como olas y se van igual de rápido. Yo seguía entre la conciencia y el sueño, tratando de no hundirme en ninguno de los dos.
Hasta que escuché la voz de Amy.
Suave. Cansada. Pero firme.
—Max… ¿Estás despierto?
Abrí los ojos despacio. Me costó enfocarla. Ella entró con un vaso de agua en una mano y una chaqueta doblada en la otra. Mía no estaba con ella. Seguramente durmiendo en algún sillón del pasillo.
Amy dejó el vaso en la mesita. Luego se acercó y me arregló la sábana, ese gesto automático que solo alguien que te quiere hace sin pensarlo.
—Te ves mejor —dijo, y aunque intentó sonar tranquila, tenía los ojos rojos de tanto llorar y no dormir.
—Estoy… —tomé aire, sentí el pecho pesado—. Mejor.
Ella asintió y se sentó a mi lado. Pasó su mano por mi cabello como si necesitara toca