Capítulo 25. Mi prometida.
Amy Espinoza
La cena había terminado hacía apenas unos minutos, y el salón aún olía a vino tinto, a perfumes caros y a ese humo invisible que deja la vanidad cuando se mezcla con la ambición.
Yo me movía entre los invitados como un fantasma, fingiendo sonrisas, respondiendo preguntas banales sobre moda o actualidad, pero por dentro solo quería escapar.
Había aguantado la velada entera con estoicismo, tragándome las miradas inquisitivas y los cuchicheos que, aunque disimulados, eran dagas direc