Capítulo 167. La segunda jugada.
Luciana Velasco
El televisor del área común chispeaba con ese zumbido molesto de las pantallas viejas, pero era el único sonido que me mantenía cuerda o, al menos, lo suficiente como para no clavarle el tenedor en el cuello a la mujer que masticaba chicle a mi lado.
La hora del almuerzo en la cárcel siempre olía igual: a sopa aguada, a desinfectante barato y a derrota. Sin embargo, ese mediodía olía distinto.
A algo que no lograba nombrar. Hasta que vi el noticiero.
El rostro de Amy Espinoza ap