Capítulo 141. No quiero tu libertad.
Amy Espinoza
Después de entender eso, por segundos me quedé mirando su cuerpo tendido en el suelo, como si no entendiera lo que veía.
No podía ser real.
—¡Max! —grité otra vez, la voz rota, saliendo desde el centro del pecho.
Me arrodillé junto a él tan rápido, que sentí cómo las rodillas me dolían al chocar contra el mármol.
Lo tomé por los hombros y lo giré, tratando de ponerlo boca arriba.
Su cabeza cayó hacia un lado, inerte, y algo dentro de mí se desgarró.
—¡Maximiliano, mírame! —le pedí,