Capítulo 139. Visitas inesperadas.
Maximiliano Delacroix
El agua golpeaba el lavamanos como un aplauso lejano y constante.
Mi respiración era un ruido áspero que se mezclaba con el eco del baño.
Vomité otra vez, con el cuerpo encorvado, sintiendo cómo el ácido subía por la garganta hasta dejarme sin aire.
Me sostuve con ambas manos del mármol, frío e inquebrantable, lo único que parecía firme en medio del temblor que tenía dentro.
Me miré en el espejo.
La imagen que me devolvió no era la mía.
O sí, pero una versión distorsionada