VICTORIA VALOIS
El tiempo en "El Santuario" no transcurre, se arrastra. Las paredes de cristal y piedra, que al principio me parecieron una obra maestra de la arquitectura, se han convertido en las costillas de una bestia que me mantiene prisionera. Mi vientre es ahora una carga gloriosa y pesada que limita cada uno de mis movimientos, recordándome que el reloj de arena está a punto de vaciarse.
Faltan solo dos semanas para que el hijo de Maximilian llegue al mundo.
Durante el último mes, he p