Mundo ficciónIniciar sesiónMAXIMILIAN FERRERO
Estar de pie, inmóvil como una estatua de mármol justo detrás de la silla de Crawford, era la tortura más refinada que Victoria me había impuesto hasta ahora. El olor de la cena —un banquete de carnes finas y vinos caros— se mezclaba con el aroma rancio del miedo y el alcohol que emanaba de Crawford. Podía ver la nuca de mi asesino, los pocos cabellos canosos que le quedaban y el temblor constante







