C135: NUESTRO HIJO.
Pasaron varios minutos antes de que la puerta volviera a abrirse. Esta vez Aidan entró cargando una bandeja con comida caliente y una jarra de agua.
Se acercó a la cama y colocó la bandeja sobre el regazo de Asiget con una expresión orgullosa, como si hubiera cumplido una misión importante.
—Aquí tienes.
—Se lo agradezco, Alfa —pronunció Asiget y comenzó a comer.
En realidad no tenía mucho apetito. La preocupación, el cansancio y la incertidumbre habían convertido su estómago en un nudo constan