La habitación del Alfa se encontraba en lo más alto del palacio. Asiget permanecía de pie en medio de ese espacio, con el vestido blanco aún ceñido a su cuerpo, sintiendo cómo los latidos de su corazón se aceleraban sin poder controlarlos.De pie frente a ella, se hallaba Alfa Aidan. Poseía el pelo negro junto con unos penetrantes ojos azules. Su figura era alta, por lo que su sombra se asentaba sobre todo el cuerpo de Asiget. Tenía espalda ancha y brazos fuertes, y su piel estaba levemente bronceada por el sol.—Ahora que eres la Luna de este Clan… mi Luna, debes darme herederos. Esta noche cumpliremos con ese deber, y continuará así hasta que concibas.Asiget empezó a sentirse ansiosa. Sabía que aquello no nacía del deseo de Aidan, sino de una obligación.Aun así, eso no apagaba lo que ella sentía. A pesar de la distancia en su voz, a pesar de su frialdad, ella seguía encontrando en esa unión algo que, para sí misma, era valioso.En ese momento, bajó la mirada y apretó el bastón que
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