La imagen era borrosa.
El objeto apenas parecía un sobre.
Pero aquello bastó para que la sospecha se instalara como un veneno.
Augusto golpeó la mesa con la palma de la mano.
El estruendo retumbó por todo el despacho.
—Está entregándole algo. —gruñó, con los ojos ardiendo de rabia.— No puede ser una coincidencia.
El silencio que siguió pesó más que cualquier palabra.
Cláudia frunció el ceño con cautela.
—Augusto… la grabación tiene muy mala calidad. No podemos asegurar qué fue exactamente lo qu