Todos regresaron a sus puestos.
Pero la tensión seguía suspendida en el ambiente como una nube a punto de descargar una tormenta.
Nathalia volvió a sentarse en el sofá frente al escritorio de Eloise.
Con el portátil abierto, intentaba trabajar a pesar del peso que parecía envolver toda la oficina.
Unas horas antes, Augusto había dado una orden tajante.
—Avise al personal de seguridad. Emma y Pedro no saldrán de este edificio hasta nueva orden.
Eloise hizo la llamada.
Pero con cada palabra sentí