ENAMORANDO…
El suave sonido del agua llenaba la habitación mientras Ángelo cerraba la puerta con Alana aún en sus brazos. Su respiración era tranquila, pero sus ojos reflejaban la tormenta interna que lo consumía. Alana, aún embriagada, se dejó caer sobre la cama con una risa ligera que parecía una mezcla de euforia.
—¿Te das cuenta? Deberías dejarme en la calle arruinada, y estás aquí, cuidándome.
—Cállate… —Ángelo la empujó a la cama y comenzó a quitarle el vestido, pero su piel reluciente s