NO CONFÍES EN NADIE.
El beso de Ángelo fue devastador, una invasión total que dejó a Alana sin aliento, incapaz de pensar con claridad. Sus labios se movían sobre los de ella con una intensidad voraz, mientras sus manos la sujetaban con firmeza, impidiendo cualquier intento de resistencia. Era un beso que hablaba de posesión, de dominio, de un poder que él no tenía intención de ceder jamás.
Alana respondió, y pensó que el sabor de Ángelo era intoxicante, una mezcla de peligro y seducción que em