QUIERO QUE ME ESCUCHES.
Alana seguía con la respiración agitada mientras Ángelo cerraba la puerta de la habitación con un pestillo que resonó en la quietud del espacio. Sentía su corazón acelerado, pero no era solo por la incertidumbre y el miedo a lo que vendría, ella no podía negar que Ángelo Denaro le hacía algo, su boca pegada a la suya, su sabor, definitivamente, le alteraba sus fibras.
Su vestido era corto y floreado y se las arregló por unas sandalias de tiras, y dejó su cabello en una