60. Acorralada, sin esperanzas
Esto no puede ser posible. Azucena, reprimiendo un grito de horror, lo primero que ve es una habitación, hacia donde es arrastrada por los hombres que siguen las órdenes de Ramiro sin prestarle atención a sus quejas o a sus bruscos movimientos para salir corriendo. Pero con las manos atadas, y con la idea que le podrán una bala en la cabeza, todos sus intentos por salir están fuera de su alcance. Está reprimiendo los gritos una vez es plantada en un asiento. Su mirada salvaje y aterrada lo visu