49. Lo no dicho
—¿Qué dijiste? —la cruda voz molesta e incrédula de Rafael tiñe todo el salón. Se quita el sombrero de golpe, con los ojos enervados. Hay mucho que procesar ahora. Y esto no le gusta nada a Azucena. Cuando se da cuenta Rafael que está en medio de las mujeres, suelta un aire atascado con calma—. Hablemos en mi oficina.
—Pero Rafael —murmura Azucena, abriendo los ojos.
—Linda —Rafael se acerca, tomando su mejilla—. Te alcanzaré en unos momentos —le hace una señal a Gerardo para salir de la sala.