Al percibir el silencio de Damián, ella procedió a decir: —Descuida, no digas nada.
—Es necesario hacerlo, Alice… solo que no es tan fácil —vuelve a beber más vino y ella puede percibir lo tenso que está.
—No me digas nada, por favor —ella le sonríe con gentileza para que él se calme. El momento es tranquilo y algo romántico; no quiere que se acabe—. Dejemos… —hace una pausa— que todo fluya, así como sucedió esta mañana y en este momento. No quiero promesas, Damián, que puedan ser en vano, tampo