—Señor Anderson, ¿es cierto que usted tiene un amante? —lanzan la primera pregunta.
—Todo ha sido un pésimo malentendido. Solo fui a auxiliar a alguien; por esa razón ingresé a ese hotel.
—¡Aseguran que usted no deja de ser mujeriego\! —habla otro periodista—. Dicen que usted no es viable para llevar las riendas de los Anderson. Que usted no está dispuesto a dar un heredero porque no deja su vida de soltero —ese comentario hizo que Damián empuñara sus manos; por más que intentaba estar sereno,