La mirada de Damián es honesta, ella puede percibir su temor debido a todo lo que están pasando, pero también es como un sueño escucharlo decir aquello, un sueño hecho realidad. Le sonríe y, con su corazón palpitando con fuerza, le regala una tierna sonrisa que calma a Anderson. Lo que menos quiere él es ser burlado, y más cuando ha dispuesto abrir su corazón a ella.
—Yo tampoco te quiero perder— dijo Alice en un susurro, y luego no lo pudo soportar más. Se pone de pie, y Damián, al verla, hace