Sus uñas de los pies están pintadas de rojo cereza.
Justo cuando estoy a punto de ofrecerle ayuda, ella salta con un pie al borde del mostrador y agarra un plato grande y un tazón, pero deben ser demasiado pesados para ella. Todo parece pasar a cámara lenta.
Ella se tambalea y su canción se convierte en un fuerte grito cuando cae hacia atrás.
—¡Oh no, no!
—¡Noel! —Me lanzo hacia delante y, por algún milagro, ella cae en mis brazos mientras yo acabo de rodillas en el piso.
Me inclino hacia adela