Él va para afuera, dejándome en una mesa llena de platos sucios.
Taron se sienta y los mira irse antes de volverse hacia mí.
Está tan bueno.
—¿Siempre son así?
Mi ceño se frunce mientras finjo pensar y luego asiento.
—Siempre.
—¿Entonces preparas el desayuno, se lo comen, te hacen pasar un mal rato y luego te dejan que lo limpies todo?
—Bueno, quiero decir, así funcionamos. Yo me encargo de la casa. —Alejándome de la mesa, empiezo a recoger los platos y a llevarlos al fregadero. Detrás de mí, l