Ronan
—Papá… oh, rayos… joder… ¿por qué?
Despierto de golpe, como si me hubieran empujado desde un acantilado. El aire me falta por un segundo. El pecho arde. La cabeza late.
Y entonces la siento.
Una mano suave, trazando círculos sobre mi pecho, anclándome al presente.
Parpadeo, desorientado… y ahí está ella.
Liora.
Mierda.
—Lo siento… —murmuro, pasando una mano por mi cara—. ¿Te desperté?
Ella asiente despacio, sin apartar la mano. Sigue ahí. Tranquila. Constante.
Su palma es pequeña contra m