Ronan
Mi pecho se expande con cada respiración pesada, y sus manos… dejan de ser un masaje.
Empiezan a deslizarse.
Más lentas.
Más intencionales.
Estoy medio dormido cuando lo noto.
Y luego… ya está sobre mí.
—Cristina… ¿qué estás haciendo? —murmuro, mi voz grave, áspera.
—Te extraño, Ronan —susurra contra mi cuello—. Estás tenso… y yo también. Los dos necesitamos soltar esto.
Su cuerpo se mueve contra el mío, buscando reacción.
Y la obtiene.
Cierro los ojos un segundo, apretando la mandíbula.