Decir que la carta que le dejé a la pequeña loba fue una excusa… es quedarse absurdamente corto.
La verdad es mucho más cruda.
Habría abandonado cualquier deber de alfa sin dudarlo para quedarme a su lado. Todo el día. Toda la noche. Sintiendo su piel pegada a la mía, respirando en el mismo ritmo, perdiéndome en ella como si el mundo no existiera.
Dormí la mejor noche de mi vida…
y aquí estoy, en mi despacho, a punto de entregarla a otro cambiaformas.
La ironía tiene un sentido del humor brutal