Entra con duda, sentándose en mi sofá en vez de hacerlo junto a Kian en mi escritorio.
Buena chica.
Hoy está increíble. Su suéter de hombro descubierto deja expuesta justo la piel donde debería ir la marca de apareamiento de ese idiota.
Kian se levanta y se acerca despacio a Liora, adoptando esa postura de “no quiero asustar al animal herido”. Luego se arrodilla frente a ella para quedar a su altura.
—¿Está bien, Liora, si me siento a tu lado? —pregunta.
Ella asiente lentamente.
—Sí.
—No creo h