Liora
Retrocedo un paso, como si el aire se hubiera vuelto demasiado denso de pronto. Mi mano sube de manera inconsciente hasta la coronilla, justo donde todavía siento el eco del beso de Ronan. Fue breve. Cuidadoso. Y aun así… me descolocó por completo.
Disfruté ese beso.
Eso es lo que me inquieta.
Él es el alfa. El centro de esta manada. Y Cristina… Cristina ocupa un espacio claro a su alrededor, firme, visible. Territorial no es solo una palabra: es una declaración. No me corresponde sentir nada. No debería.
Ronan se aclara la garganta, como si también necesitara romper algo invisible.
—Debería irme —dice—. Tengo que ponerme al día con asuntos del trabajo.
Asiento, aunque una parte de mí se resiste sin saber por qué.
—Mañana, si te animas, puedo llevarte a recorrer los terrenos… y el pueblo. Sin encuentros forzados. Solo para que veas la manada, para que descanses un poco mejor. Quizá te ayude a decidir si quieres quedarte.
Hace una pausa. Su voz baja apenas un tono.
—Espero que sí