Ronan
Puedo notar que la lobita ha estado ansiosa todo el día apenas entro en su habitación. El olor a lavanda mezclado con bilis y teñido de miedo impregna el ambiente. Tengo que hacer algo para cambiar eso. Para calmar a mi omega.
—Este fin de semana… di que serás mía —le pido nervioso.
Soy el alfa de la manada más grande del país. No le temo a nada ni a nadie, pero aun así mi ritmo cardíaco se acelera y siento mariposas en el estómago mientras espero la respuesta de la lobita.
—Lo haré. Siem