—Ronan… cuando me encontraste, yo ya estaba rota.
Mi voz apenas sale en un susurro, pero el silencio alrededor del escenario hace que cada palabra pese el doble.
—Había dejado de creer en todo. En la vida. En mí. Pasaba los días deseando desaparecer.
Ronan aprieta la mandíbula al escucharme. El vínculo vibra entre nosotros con tristeza y rabia contenida, pero continúo antes de perder el valor.
—Vivía aterrada. No hablaba con nadie. Apenas respiraba. Creía que jamás volvería a sentirme libre… y