Al salir de la cafetería, Nora aún podía sentir las miradas de toda esa gente clavadas en su espalda a través de los cristales.
Manolo, temiendo que pudiera hacer algo impulsivo en un momento de desesperación, no se separó de ella.
Hasta que llegaron al edificio de la oficina y subieron al ascensor, Nora no dijo ni una palabra, lo que preocupaba enormemente a Manolo.
— Nora, sé que ahora mismo debes sentirte fatal. Si quieres llorar, hazlo, no te lo guardes. Esa gente solo es ignorante, creen qu