Mundo de ficçãoIniciar sessão—¡Gran Dios, pequeña Luna! ¡Me alegra verte! —exclamó mi hermano apretándola contra su pecho.
—¡Mendel! —tenté, alarmado.
Como hablarle a una pared. Mi hermano la soltó, ignorando la mirada fulgurante de Risa y sus puños crispados, y se volvió hacia los niños, que lo observaban petrificados, bien conscientes de que Risa parecía a punto de asesinarlo.
—¿Lis







