Logan cruzó los pasillos con pasos firmes y apresurados, con los músculos tensos y el corazón aún retumbando con fuerza dentro del pecho. Su respiración era pesada, cada inhalación era un intento por calmar el torbellino de emociones que le sacudía por dentro. No podía quitarse de la mente la imagen de Mía, dormida, frágil, con marcas en su piel que no deberían estar allí. Marcas que jamás debió permitir.
Cuando llegó al salón de reuniones, no tocó. Abrió la puerta de golpe y entró como una tor