Ahí estaba.
Tabbee sabía que le dolería pero no tanto.
Su hermana, su propia y única hermana la había traicionado.
—Yo te lo puedo explicar Tabbee él... —Se apresuró a decir.
—Dios santo, no puedo creerlo de ti Ángela.
Las lágrimas se deslizaban sin poder contenerlas por su rostro, la furia teñida con la decepción la golpearon.
Ella había dado todo por criar a Ángela de una manera distinta a la que ella misma había sido criada, evitando a toda costa su sufrimiento, el sufrimiento que aquella mu