—Esto es una locura… —murmuró Selyna, llevándose las manos al cabello con frustración.
—No lo es —respondí con firmeza, manteniéndole la mirada.
—¡No, para nada! —replicó ella, sarcástica, elevando los brazos hacia el techo y dejándolos caer con un golpe seco sobre sus muslos—. Ir a restregarle en la cara a Eva que estás viva y coleando no es una locura. ¡Claro que no!
—Tú misma lo has dicho: “sacrificio voluntario” —le recordé con voz tensa, cada palabra cargada de intención.
—¡No! —gritó Sel