Lobo blanco lV.
Ella parpadeó con una inocencia que me resultó repulsiva, pero ignoré.
—Me has dado permiso para interrogarla durante el último año. No ha querido cooperar, así que he intentado una táctica diferente.
Sus palabras me golpearon como un puñetazo en el estómago.
Esa noche no dormí. El insomnio se retorció conmigo hasta el amanecer. En cuanto el primer rayo de sol entró por la ventana, me levanté, salí de la habitación y llamé a los dos guardias que había asignado para proteger a Rebeka.
—Reporte d