Lobo blanco Vll.
Tax me observó con una sonrisa fría, sus ojos brillando con satisfacción oscura.
—Eso es lo que quería ver —dijo con voz baja, casi un susurro venenoso—. Aunque, no es suficiente. No estás destruido todavía, sobrino.
Señaló a la manada, a los cachorros, a mi hijo.
—Ahora debes elegir: tu manada o tu cachorro.
El silencio se volvió insoportable mientras mi mente luchaba contra el dolor y la rabia.
Los miré a todos. El peso de sus súplicas silenciosas aplastó lo poco que me quedaba de r