Capítulo 70.
—Estoy bien— dije finalmente. —La sangre no es mía.
Él solo me miró fijamente hasta hacerme sentir incómoda.
Apreté los labios cuando ya no pude soportarlo.
—¿Vas a darme un sermón?
—No. —Su voz fue tranquila, casi inesperada—. No te traje aquí para regañarte.
—¿Ah, no?
—No. —La miró de reojo, con seriedad—. Eres adulta ahora. Tus maestros y yo te hemos enseñado que debes hacerte responsable de tus actos, de sus consecuencias inmediatas y a largo plazo. Si golpeaste al cachorro, deb