Capítulo 26.
Para fomentar la convivencia y que nadie se sintiera extraño, la tía Deb había ordenado que se preparara un banquete. Pero pronto quedó en evidencia que el claro principal era demasiado pequeño para albergar a tantos lobos juntos; los murmullos y las risas incómodas rebotaban en todas direcciones, haciéndolo sentir aún más reducido.
La solución fue sencilla: dividir al grupo. A nosotros, los cachorros, nos enviaron a un claro cercano, vigilados por varios guardias que se aseguraron de que el