Capítulo 146.

Aceleré, no porque supiera que podía vencerlo, sino porque sabía exactamente cuánto debía provocarlo. Corrí entre los árboles, salté un tronco caído, dejé que mi rastro fuera claro. No estaba huyendo.

Lo estaba desafiando.

Sus pisadas eran pesadas, seguras, cada vez más cerca. No intentaba alcanzarme de inmediato. Me estaba siguiendo, midiendo, esperando.

Eso hizo que el cosquilleo en mi estómago se intensificara.

Giré bruscamente hacia un claro y frené de golpe, girándome para ver al lobo. Alderik apareció frente a mí, blanco, imponente, bloqueando cualquier salida.

Me quedé quieta.

Él avanzó despacio, rodeándome, observándome como si fuera una pregunta sin respuesta. Sentí su presencia incluso antes de que se detuviera frente a mí.

Sus ojos claros se clavaron en los míos. Había algo distinto ahí. No ira. No diversión. Algo más denso.

Me transformé de nuevo, el cuerpo volviendo a su forma humana con un estremecimiento que me dejó sin aliento por un segundo.

Él también
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