Capítulo 125.
Aún se tardó un largo minuto en responder. Nuestros ojos seguían clavados entre sí, atrapados en ese extraño instante donde el mundo entero parecía contenido en una sola respiración.
No fue hasta que papá gruñó —fuerte, autoritario, recordándonos dónde y cuándo estábamos— que Alderik retrocedió un paso y apartó la mirada. Yo dejé caer mi mano, súbitamente consciente del calor que me recorrió el brazo y de la vergüenza que se enroscaba en mi estómago.
—Las hembras han sido fecundadas en contra d