Capítulo 106.
El sol apenas despuntaba cuando tocaron la puerta.
No había dormido mucho; mis músculos seguían doliendo y la mente no dejaba de dar vueltas, como si todo lo que habíamos vivido el día anterior se repitiera en bucle. Aun así, me levanté. Era hora de seguir.
Cuando salí al exterior, el aire estaba frío y el terreno húmedo por la lluvia nocturna. Los lobos de las manadas rescatadas estaban reunidos en el claro principal. Algunos aún tenían vendajes frescos, otros se sostenían entre sí, pero todos