Lena suspiró con pesadez tras ver a los hermanos Azuleja retirarse. El peso de la responsabilidad le hundía los hombros. Apretó la taza de café entre sus manos, buscando en el calor del asa un poco de la estabilidad que sentía perder.
Subió las escaleras de madera hacia el segundo nivel de la casa. Cada peldaño crujía, rompiendo el silencio gélido que se había instalado desde que escaparon por los túneles. Aquella caminata de horas bajo tierra aún se sentía en sus músculos como un eco de cansan