Me regañé mentalmente mientras cerraba la puerta de mi habitación.
"Soy una vendida" pensé, pero luego recordé la cifra que Nicolás había mencionado y el sentimiento de culpa se desvaneció un poco. La dignidad no pagaba las cuentas pero ese sueldo sí.
Dejé las bolsas sobre la cama y saqué el vestido. Era una pieza de arte, una tela negra que parecía absorber la luz con algunas piedras preciosas que me comenzaba a cuestionar si eran de verdad por lo magnífico que era el corte y la forma en que s