El avión aterrizó en Sídney el 10 de enero, con un traqueteo suave, y el caos estalló antes de que las ruedas tocaran el suelo. Darcy presionaba la nariz contra la ventanilla, gritando sobre canguros, mientras Marc y Eric peleaban por un paquete de galletas, migas volando por el pasillo. Ariadna intentaba calmarlos, la bufanda gris torcida, y Camila, sentada al fondo, reía con Ricardo, que murmuraba sobre cómo no había firmado para tanto ruido. Víctor, en cambio, estaba en su elemento, recogien